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Inmersión en Dios

– Marie-Paule –

Algunos amigos de Raoul Auclair lo oyeron comentar el instante de gracia
que él vivió un día en Marsella, y del cual hicieron mención en el periódico
«Le Royaume»


Sucedió en Marsella, el 9 de octubre de 1941, cuando eran las 9:11 minutos de la mañana. Súbitamente, una luz fulminante ilumina en un instante todo su ser. Él percibió como el fuego de Dios, estando como sumergido en Dios, sumergido en la eternidad, por lo tanto fuera del tiempo. En ese relámpago donde él se encontraba en Dios, sintió como una invasión increíble de cosas inexplicables. Todo desapareció, y volvió al conocimiento de la realidad y del tiempo; todo esto de la misma manera instantánea como cuando salió de él.
Marsella
Vista panorámica de Marsella

Él acababa de vivir algo inexplicable. Tres días más tarde, el 12 de octubre, un segundo arrobamiento. La única cosa que él podía explicarse, era que: sentía que sabía todo. Eran las 13:25 minutos. Él guardó este secreto durante años, sin ni siquiera contarle a su esposa. Él consideraba la iluminación recibida como una clase de explosión compuesta de poder en él.

Algunos años después, se interesó por la vida de Santa Hildegarde y tuvo la sorpresa de su vida, pues no podía aún explicarse eso que le había sucedido en Marsella: aquel arrobamiento, aquella inmersión en la eternidad. He aquí lo que revelaba Santa Hildegarde, quien vivió en el siglo XII: «A la edad de 42 años y 7 meses, una luz y un resplandor deslumbrante me vino del cielo entreabierto, penetró todo mi espíritu, todo mi corazón y todo mi ser... Y de repente, tuve la inteligencia de los Salmos, de los Evangelios y de otros libros católicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.» ¡En un instante, ella supo!

Pues bien, desde ese día de iluminación Raoul comenzó a escribir Le Livre des Cycles [«El Libro de los Ciclos»] (1° libro), lo hizo todo de un golpe – 144 capítulos –, y todo se ordenaba sin cálculo ni búsqueda; esto le valió el honor del primer premio en literatura. El segundo libro de los Ciclos y los otros que lo sucedieron fueron escritos de la misma manera. El primero contenía en poder todo eso que escribió posteriormente.

Él tenía una gran cantidad de talentos, pasando de la arquitectura a la radiodifusión, en calidad de autor, luego realizador, director de escena, etc.

Fue en Châteauneuf-de-Galaure a donde él huyó un día, llegando en el mejor momento para hacer un retiro que lo marcó de por vida. La misa comenzó con oraciones por las intenciones, y la primera le emocionó: «Oremos, dice el Predicador, por aquellos que, en la Historia, ven el sentido de Dios.» Raoul tuvo un sobresalto. Siguió todo el retiro – un bálsamo saludable sobre el dolor que lo condujo a aquel lugar – y, después de una tarde de adoración delante del Santísimo Sacramento, él hizo con los otros que estaban en retiro «en un impulso total y absoluto», su consagración según la fórmula de San Luis María Grignion de Montfort.

Desde ese tiempo, el amor que sentía por María estancó su sed de juventud y la Virgen hizo de él un apóstol de múltiples recursos humanos que sirvieron a su Causa, unas veces en la luz, otras en la obscuridad, con el mismo dinamismo que la Cruz aplacó, dejando desdoblar el poder del Espíritu en su espíritu translúcido.
Raoul se entregó a María con un amor de niño y entró en sus Misterios con una fe alegre. Él partió, abierto a la Luz donde todo ser renace.

Marie-Paule

25 de enero de 1997


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