precedente

Haciendo eco de lo que el Padre Maurice ha mencionado, de una manera concisa y precisa en su texto La vida de familia de Raoul Auclair –, puedo decir que yo también quedé muy sorprendido, y en más de una ocasión, del misterio de la acción y del plan de Dios en la vida del Hermano Raoul: designio a la vez desconcertante, humanamente hablando, pero siempre perfecto según la lógica divina.

La última etapa de la vida del Hermano Raoul sigue siendo para mí un misterio: ese hombre tan lúcido e íntegro, un profeta delante de Dios y de los hombres, un profeta para «este tiempo que es nuestro tiempo», conoció un final bien humilde. ¿Acaso fue esto para él y para nosotros un llamado a aquello que nos recuerda que el hombre no es grande sino en la medida que Dios es grande en él y a través de él? o aún más, ¿permitió el Señor esta prueba a fin de purificar a su servidor, y de paso rememorarnos que el grano que cae en tierra para que produzca frutos debe morir?

Hermano Raoul, a los 81 años
1987 - Hno. Raoul,
Hijo de María
Al final de su vida, una prueba ha desencadenado el comienzo de su ocaso físico, síquico y moral. Me impresionó profundamente el sufrimiento de este gran hombre que vivía «la máxima» pero también beneficiosa y saludable «prueba de su vida»; es un misterio del Amor de Dios que ha querido completar su obra en su servidor, haciéndolo engrandecer interiormente, a través de la experiencia de la Cruz, pasando su raciocinio al fuego del crisol, para hacer brotar en él el oro de la simplicidad y de la humildad.

Este gran hombre que un día realmente vivió la iluminación de la gracia para llegar a decir simplemente: «Lo sé todo», tuvo que en el ocaso de su vida y más de una vez repetir: «No sé más», – y si así puedo decirlo – con su misma lucidez. Su dignidad en la prueba me ayudó a crecer interiormente. Nuestro Hermano partió, pero su recuerdo queda con nosotros.

Padre Pierre Mastropietro, Roma
Superior General, Hijos de María


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