![]()
A raíz del fallecimiento de nuestro Hermano Raoul Auclair, nos llegaron numerosas apreciaciones y comentarios acertados y conmovedores sobre el hombre, el escritor y el apóstol que fue. He aquí algunos extractos:
EL HOMBRE (Paul Brame, Serge y Yvan Laprise y Roger Michaud)
EL ESCRITOR (Marc Bosquart)
EL APÓSTOL (Ginette Simoneau)
Pequeño, de fuerte envergadura, derecho como una i, como para no perder una pulgada de su talla, se imponía a todos (...) Intuitivamente, yo sentía en él una fuerza, sí, una fuerza indecible que me sobrepasaba. Pero, para alivio mío y conociendo el ambiente general de la Radio, había temas que yo dudaba abordar con aquel que no era para mí más que un desconocido. (...)
Sobre las «cosas del cielo», particularmente, él sabía mucho más que yo y jamás se negó a beneficiarme, sabiamente, pacientemente, con una pertinencia y una simplicidad soberana, una bonachonería alegre, que unía la humildad de las Beatitudes con aquella pobreza, verdadera fuente ¡oh, cuántos! los contrasentidos de parte de aquellos que toman por imbecilidad eso que es, de hecho, riqueza interior, cuando ella emana del Espíritu Santo. Tal es el secreto de esa mirada luminosa, caracterizada por una alegre plenitud interior, tipo de alimento espiritual tan denso que no podía egoístamente limitarse a beneficio de un solo ser. (...)
Paul Brame, St-Uze, Francia
* * *
Existían en realidad, dos Raoul, un poco a ejemplo de San Francisco de Sales. De una parte el hombre instruido, erudito, que dominaba la lengua francesa, como sólo los grandes lo pueden lograr. Gracias a su cultura, sus realizaciones profesionales, su medio ambiente familiar y social, él vivió entre los grandes de este mundo, habiendo tenido acceso a las más importantes oportunidades humanas: viajes, riqueza, confort, acontecimientos culturales múltiples, experiencias humanas gratificantes. Él era un hombre de gran gusto, que sabía apreciar lo que realmente el mundo le podía ofrecer de interesante.
Pero existía también el otro Raoul, aquel que sobre todo conocimos; este hombre de una gran interioridad, que empleó todos sus conocimientos y competencias a la búsqueda del misterio de la Santísima Virgen y de la Iglesia. Raoul, por la gracia de Dios, descubrió grandes misterios de nuestro tiempo y no satisfecho de un trámite teórico, quizo sobre todo vivir y poner en práctica por él mismo eso que descubrió. |
![]() Raoul en su departamento en Quebec. |
Este compromiso a vivir lo que él comprendió, lo condujo a caminos que él no podía sospechar. Raoul renunció a su país, a sus riquezas, a su cultura, a su libertad, a sus amigos; él abandonó todo para consagrarse los últimos veinte años de su vida al servicio de la Señora de todos los Pueblos.
Podemos dar testimonio sobre todo del hombre que diariamente frecuentamos; Raoul amaba la calma y la soledad que constituían en realidad gran parte de su diario vivir, tiempo reservado a la escritura, pero también le gustaba recibir algunos de sus amigos para compartir su comprensión de grandes misterios de nuestro tiempo. En fin, él concretizó definitivamente su desapego y su austeridad haciéndose religioso en la Comunidad de los Hijos de María; era la manera más precisa de llegar a ser totalmente el hijo de esta Madre que tanto amó, defendió y comprendió.
A ejemplo de San Francisco de Sales, en el transcurso de sus últimos años y cerca de nosotros, trabajó en su reforma personal; Raoul, este hombre de temperamento fuerte se ejercitó con todas sus fuerzas a la práctica de la dulzura y la paciencia.
Serge y Yvan Laprise y Roger Michaud, Quebec
* * *
(...) Usted comenzó, casi por casualidad, a escribir piezas de teatro destinadas a la O.R.T.F la Oficina de Radiodifusión-Televisión Francesa. De entre ellas una treintena, esencialmente religiosas, incluso marianas, y así encontró su camino. Después una selección de poemas, Un et mille [«Uno y mil»], luego un libro, un segundo, un tercero... Hemos contabilizado veinticuatro el día de hoy, y podríamos sin duda publicar algunos otros a partir de sus papeles acumulados.
Durante tres años, dirigió el periódico LÉtoile [«La Estrella»] (entre Marie [«María»] que lo precedió y Le Royaume [«El Reino»] que lo siguió). De sus editoriales dos obras fueron publicadas: Eschatologie de notre temps [«Escatología de nuestro tiempo»], luego Tous ces mystères dans le Mystère de Marie [«Todos estos misterios en el Misterio de María»]. En cuanto a LÉtoile, fue sin duda el único y verdadero periódico escatológico nunca antes visto. En él mismo aparecía una clase de signo de los tiempos, como una condensación de la Historia al instante de cumplirse.
«Hay que ser un poco profeta para comprender a los profetas» a menudo citamos esta frase del Padre André Richard en su propósito. Estoy de acuerdo lógicamente. Un profeta no es un adivino que preve la calidad de las cosechas o los temblores de tierra; etimológicamente hablando quiere decir, ¡alguien que habla en nombre de Dios! Usted sabe cuanto cuesta y cuál es el peso de tal privilegio...
Y sin embargo, usted Raoul, fue un profeta, y no cualquiera: el primer gran profeta del Reino de Dios sobre la tierra después del fin de los tiempos. Para usted fue una evidencia, pues el Apocalipsis recobró su verdadero sentido de Revelación. ¡El Apocalipsis! Eso era tan claro a sus ojos como oscuro a los nuestros y todo encajaba perfectamente. Usted supo guardar lo mejor para el final. Quiero hablar de LHomme Total dans la Terre totale [«El Hombre Total en la Tierra Total»]. A mis ojos, es la cumbre de su obra. Y yo no fui en ese año el único en pensarlo. Marc Bosquart, Lac-Etchemin
* * *
El miércoles 8 de enero de 1997, a eso de las 6 de la tarde, recibimos la noticia del fallecimiento de nuestro querido Raoul. Desde hacía algún tiempo, presentía un poco el día que él nos abandonaría para ir al otro mundo: pensé con seguridad que esto sería para nosotros un día de gran duelo. (...) Pero fue todo lo contrario. He aquí lo sucedido.
Ese 8 de enero, celebrábamos justamente, Germain y yo, nuestro 25° aniversario de matrimonio. Pues bien, Raoul no se quedó indiferente al hecho que Germain y yo pudiéramos celebrar juntos y con alegría este aniversario, pues él fue, a través de sus escritos, el instrumento que nos atrajo al Ejército de María, y es nuestra adhesión a esta Obra de regeneración espiritual que salvó «in extremis» nuestro matrimonio que estuvo, como ha sido para muchas otras parejas, a punto de perderse. La noticia de su fallecimiento, al atardecer de ese día feliz para nosotros durante el cual estuvimos mimados de grandes alegrías desde la mañana, comenzando por la misa ofrecida a nuestras intenciones lejos de obscurecer este aniversario, nos entregó por añadidura la felicidad de constatar hasta qué punto nuestro querido hermano mayor nos acompañaría siempre, aunque dejando corporalmente este mundo.
Nuestro querido Raoul fue un gran contemplativo. Este gran hombre supo hacerse pequeño entre los pequeños, haciendo hablar para ellos, a través de las imágenes que revelan a los que saben entender, las grandiosas realidades espirituales escondidas en los acontecimientos históricos contemporáneos. Anunciador apasionado del establecimiento del Reino de Dios sobre la tierra, Raoul fue uno de esos que marcaron profundamente nuestra espiritualidad. (...)
Ginette Simoneau, Lac-Etchemin
© 1998 - Derechos reservados: PAVILLON RAOUL AUCLAIR INC., Quebec, Canadá