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Raoul... y los monasterios

– Marie-Paule –

Desde la edad de tres años, la mamá de Raoul condujo su hijo a un santuario. Este despertar parece marcarlo de por vida: su alma se abrió a la belleza, a las armonías de grandes órganos, a la majestad de los lugares, etc. Su entusiasmo conoce rápidamente la contradicción de un temperamento apasionado y ardiente que obliga al adolescente a vencerse para realizar mejor el adulto voluntarioso y destrozado que caracteriza a menudo a aquellos cuyo genio estalla para emprender el vuelo hacia las altas esferas o hacia un entusiasmo embriagador que se extingue. Raoul entraría en una vía donde se confunden las alegrías sublimes y los dolores profundos, de modo que, con los años, cuando surgían dificultades en el trabajo o entre los suyos, se desaparecía... Su primera «fuga» lo conduce a Notre-Dame-de-la-Garde, en Marsella.

Hermano Raoul, en Quebec
A la edad de 81 años, Raoul Auclair
se consagra a Dios y llega a ser el Hermano Raoul, en la Comunidad de los Hijos de María, en Quebec.
En otra ocasión, él acude a Notre-Dame-des-Dombes, en el monasterio de los Cistercianos donde se queda algunos días. Su esposa, Suzanne, lo encuentra y le dice: «Si tú quieres hacerte monje, yo lo acepto... te doy el permiso.» Suzanne, esposa atenta y amante, ¡no podía decir mejor!... le anunciaba aquello que llegaría a ser más tarde. Raoul regresa a su casa y a través de las peripecias de la vida, tiene a menudo la ocasión de regresar a los monasterios, algunas veces por periodos largos. De esta manera, llevando su cruz, buscaba documentarse bien y sucedía que a veces llegaba a escribir un libro del cual ignoraba en ese entonces la importancia y lo guardaba en su biblioteca.

Pasó algunas temporadas en La Salette, en Châteauneuf-de-Galaure donde Marthe Robin le informó de una misión a venir; en San Giovanni Rotondo, casa del Padre Pio; en Rocca di Papa, casa del Padre Lombardi (El Mundo Mejor); varias veces en Lourdes y en Fátima, en Garabandal y tantos otros santuarios del Sagrado Corazón, de San Miguel, etc.

A través de la cruz a veces se enfrentó involuntariamente a él mismo, en la fe y en el deseo de servir; fue así que Raoul pudo realizar varias obras escatológicas y marianas. Sus conferencias dadas a lo largo de su vida son incontables, tanto que ni él mismo hubiera podido nombrarlas. Especialista en emisiones radiotelevisadas y como buen conocedor del célebre Santuario Portugués, Raoul comentaba primero los hechos y en seguida de la conferencia proyectaba la película, en este caso Prodigios y Prestigio de Fátima, un largo metraje en colores: «obra de fe, de arte y de autenticidad perfecta», a propósito del cual Monseñor Venancio, Obispo de Leiria, del cual depende Fátima, después de haber visto esta película en París, escribió lo siguiente:

«... Felicito de todo corazón al Sr. Padre Onfroy y a sus colaboradores, los Sres. Wagner, Auclair y Loriquet, a quienes bendije el trabajo en la misma Fátima. Gracias a ellos, muchos podrán, igualmente a distancia, recibir el choque beneficioso de Fátima y de esta manera encontrarse inmediatamente incluidos, en la peregrinación, y en el mensaje de Nuestra Señora. En cuanto a aquellos que ya conocen el sentido profundo de Fátima, pienso que lo descubrirán aún mejor, gracias al texto del Sr. Auclair...» (L’Yonne républicaine, Auxerre, 14 de junio de 1967).

Veinticuatro películas forman una colección sobre las diversas apariciones marianas, bien ilustradas y comentadas por artistas veteranos; una serie de discos de carácter religioso, realizados por Raoul Auclair; lo mismo que sus piezas de teatro, en la O.R.T.F. (Oficina de la Radiodifusión y Televisión Francesa), las cuales fueron también vivamente apreciadas.

He aquí algunas: Los MaléficosEl Vía CrucisEl Anuncio hecho por MaríaPont-Main, o el Arcano de la NocheLa Cadena y las RosasQué grande es su bellezaVestida del solLa Virgen de la Segunda NavidadEl Visitante de la CandelariaAquella que vivió la Historia (Ana Catalina Emmerich).

Melómano, artista, botánico, poeta, escritor, etc., Raoul tenía el sentido de la belleza. Él tuvo que luchar contra sí mismo primero, deliberándose de su espíritu de profano para mejor percibir la luz que dejan filtrar las Escrituras. Con los años, el Espíritu, que huía voluntariamente en el silencio, se volvía transparente cuando hacía estallar los sellos que, hasta entonces sellaban las Palabras de María, la Señora de todos de los Pueblos, o de la Escritura. Raoul abrió a sus lectores y a sus auditores las esclusas de aguas superabundantes contenidas en el Apocalipsis. Felices aquellos que han tenido despertares estremecedores, acogiendo el resplandor del amor que conduce a las vías sobrenaturales, favoreciendo la nobleza del ser humano y su fecundidad espiritual.

Marie-Paule



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