MANIFESTACIONES DE
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Amsterdam
Ninguna intervención de la Virgen María, desde que hemos entrado en los Últimos Tiempos , lo que no quiere decir el fin del mundo , ha causado en la Iglesia más oposición que los hechos y mensajes de la Señora de todos los Pueblos.La causa de esta confusión y por qué no decir, este odio extraño ¿no será acaso el hecho de hacer resaltar por la «Madre de la Iglesia» las graves desviaciones de la fe en la Iglesia de su Hijo? Una Iglesia, en tantos lugares, enteramente inclinada sobre los asuntos de la tierra más que los del Cielo. Y como, en la tierra, no se cree en el cielo sino que de una manera totalmente intelectual, más aún, muy a menudo con el solo fin de proteger un resto de influencia junto a un pueblo en parte decristianizado, en tal ambiente los consejos, las tristezas, las suplicaciones de María son muy mal recibidas.
La primera vez que vino la Señora de todos los Pueblos, ha sido en Amsterdam, en 1945, en el día de la Anunciación. Ahora bien, descendida sobre la tierra en Holanda, María Santísima se encontró delante de Ella cerrar las puertas de la Iglesia.
Ciertamente los hechos de Amsterdam, antes de ser admitidos, exigían que una investigación fuera realizada. Pero no hubo investigación. Peor que eso, hubo un simulacro y una parodia de investigación.
En un humilde convento, en Akita...
)Dónde podía aparecer la Virgen María, SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS, descendida del cielo para hablar a los hombres, si todas las puertas de las iglesias le son cerradas? Ella escogió el país de la gran muchedumbre, el más actual, el más moderno, aquel que atrae los ojos y la envidia del mundo: Japón.
Ahora bien, había en ese febril Japón un pobre convento donde vivían, lo más cristianamente que ellas podían, cinco religiosas de un Instituto secular. Ellas disponían de una capilla con la presencia constante del Santísimo Sacramento. Cerca del tabernáculo, una estatua de madera de vainero, llamado comúnmente un árbol de Judea, representando a la Santísima Virgen, parada sobre el globo y adosada a la Cruz.
Digamos inmediatamente que era la estatua de la Señora de todos los Pueblos. Pero yo nunca supe que las Hermanas lo sabían. Y que si ellas lo sabían, no lo hicieron saber. Así ha sido y fue para todo el mundo, cuando se divulgó la noticia de los prodigios que se relacionaban con la estatua, era la Virgen de Akita.
Primer mensaje (6 de julio de 1973)
Una de esas cinco religiosas, Hermana Agnès Sasagawa, era sorda, sorda de sordera absoluta. Ahora bien, esa noche, sufriendo horriblemente, como si le hubieran clavado un clavo o como si con una barrena girara en su mano izquierda, no podía dormir. Enclaustrada en su muro de silencio, súbitamente oyó:
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![]() La Hermana Agnès Sasagawa cerca de la estatua de la Señora de todos los Pueblos. |
Que la voz viniera de la estatua de la Señora de todos los Pueblos, era ya, y desde este principio de las maravillas de Akita, querer confirmar lo que Ella había dicho en Amsterdam:
«La herida de María Santísima es mucho más profunda que la tuya», había dicho el ángel a la Hermana Agnès. Y ella vio la herida de la Virgen. María tenía en la palma de la mano derecha la herida que la Hermana Agnès tenía en la palma de la mano izquierda. Y María Santísima maternalmente le dice:
«¿La herida de tu mano te hace daño? Ora en reparación de los pecados de la humanidad. Todas las hijas que están aquí, y cada una en particular, son para mí tan valiosas como las pupilas de mis ojos. ¿Rezas bien la oración de las Siervas de la Eucaristía? Adelante, oremos juntas.»
Entonces el ángel se incorpora a la oración y la dicen juntos:
«Oh Jesús, realmente presente en la hostia y ofrecido en sacrificio a cada instante en todos los altares de la tierra, unidos a tu divino Corazón para dar gloria al Padre e implorar LA VENIDA DE TU REINO, nos consagramos a Ti, nuestro cuerpo y nuestra alma. Dígnate aceptar esta humilde ofrenda y hacer el uso que desees de ella para la gloria de Dios y la salvación de las almas.»
Y María, sola esta vez, continúa así:
«Señor Jesucristo, Hijo del Padre, envía al Espíritu Tuyo sobre la Tierra y haz que more en los corazones de todos los pueblos, a fin de que sean preservados de la corrupción, de las calamidades, de la guerra.»
Pero Ella no agregó el final de la oración, ya entregada por Ella en Amsterdam, lo que hubiera despertado la atención de los enemigos. Pero no pronunció: «Que la Señora de todos los Pueblos, la que una vez fue María, sea nuestra abogada. Amén.»
El 27 de julio, Monseñor Ito, Obispo de Niigata, lugar del cual depende Akita, constata el derramamiento simultáneo de sangre de la mano derecha de la estatua y de la mano izquierda de Hermana Agnès. La herida de María Santísima, la herida de Hermana Agnès, eran idénticas, la una y la otra en forma de cruz.
Toda decisión, en esta clase de hechos sobrenaturales, siendo reservada al obispo del lugar donde ocurren, María, aquí, en Japón y por primera vez, María hará del obispo el testimonio constante de las maravillas que debían suceder en el futuro (...).
Segundo mensaje (3 de agosto de 1973)
[En la carta pastoral fechada el 22 de abril de 1984, Monseñor Ito reconoce formalmente la autenticidad de los hechos, milagros y palabras de la estatua de los cuales la Virgen en Akita fue el sitio, he aquí la relación de los hechos tales como son relatados y que tuvieron lugar el 3 de agosto de 1973:]*El viernes 3 de agosto, a las 15 horas, Hermana Sasagawa se encontraba en la capilla y meditaba la Pasión del Señor. Ese día, hubo algo excepcional, el ángel estuvo allí y oraba con ella. Al final, él le preguntó sonriente: «¿Tienes algo que pedir?»
«En efecto, la Hermana se preparaba para transmitir varias preguntas del Obispo cuando la ocasión de hablar al ángel se presentaría. La voz misteriosa, QUE PROVENÍA DE LA ESTATUA, intervino sin dejarle tiempo: Mi hija, mi novicia, ¿amas al Señor? Si tú lo amas, escucha lo que tengo que decirte, pues es muy importante. Tú le informarás de esto a tu Superior. En este mundo, muchos hombres afligen al Señor. Deseo almas para consolarlo. Para calmar la ira del Padre celeste, espero, con mi Hijo, almas que expíen a través de sus sufrimientos y su espíritu de renunciamiento en lugar de los pecadores y de los ingratos. El Padre se prepara a dejar caer un castigo sobre toda la humanidad para dar a conocer su cólera contra este mundo. Con mi Hijo, he intervenido tantas veces para aplacar la ira del Padre. He impedido la venida de calamidades ofreciéndole, con todas las almas víctimas que le consuelan, los sufrimientos soportados por el Hijo sobre la cruz, su Sangre y su Alma amante. Oración, penitencia, renunciamientos y sacrificios animosos pueden aplacar la cólera del Padre. Yo pido esto también a tu Comunidad. Que ella permanezca en la pobreza, que se santifique y ore en reparación de las ingratitudes y de los ultrajes de tantos hombres.»
Tercer mensaje (13 de octubre de 1973)
13 de octubre de 1917, última aparición de Fátima. Entonces una muchedumbre inmensa, reunida en la Cova da Iria, de repente, invadida de espanto, ve caer el sol sobre la tierra.Como los hombres no han querido comprender, ni sobre todo, entender el aviso del Cielo en este día del comienzo del Fin de los Tiempos, el cual tiene como nombre en la Escritura «el Día de Yahveh», he aquí, este mismo 13 de octubre, esta vez en el año 1973, que el Padre, por la boca de una sorda, de sordera total sorda como está hoy día el mundo, como está hoy día la Iglesia , el Padre proclama a través de María Santísima, que viene el instante de las supremas realizaciones:
«Mi querida hija, escucha bien lo que te voy a decir para que le informes a tu Superior. Como ya te lo he dicho, si los hombres no se arrepienten y no se corrigen, el Padre celeste va a enviar un castigo terrible a la humanidad entera. Esto será un castigo más grave que el diluvio, algo jamás antes visto. Fuego caerá del cielo y aniquilará una gran parte de la humanidad, no protegiendo ni a los sacerdotes ni a los fieles. Los supervivientes se encontrarán en tal desolación que envidiarán a los muertos. Las solas armas que les quedarán entonces, serán el Rosario y el Signo que el Hijo ha dejado. Recen todos los días el Rosario por el Papa, los obispos y los sacerdotes. La acción del diablo se infiltrará igualmente en la Iglesia, de manera que se verán cardenales oponerse a cardenales, y obispos enfrentarse contra otros obispos. Los sacerdotes que me veneren serán despreciados y combatidos por sus hermanos. Las iglesias y los altares serán saqueados. La Iglesia estará llena de aquellos que aceptan los compromisos. El demonio incitará a muchos sacerdotes y consagrados a abandonar el servicio al Señor. Él se ensañará especialmente con las almas consagradas a Dios. La perspectiva de la pérdida de numerosas almas me entristece. La copa está desbordando; si los pecados crecen en número y en gravedad, pronto no habrá más perdón para ellos...»
* * *
[Desde el 4 de enero de 1975 al 15 de septiembre de 1981, la estatua de madera, representando a la Señora de todos los Pueblos, lloró ciento una veces. En 1975, por intermedio de la prensa, de la radio y de la televisión, los ciento quince millones de Japoneses oyeron hablar de los fenómenos extraordinarios de «la Virgen de Akita». Muchos los observaron por la televisión.] |
![]() La estatua de madera representando a la Virgen de Akita en el momento de una manifestación lacrimal. |
Una Coreana, la señora Chun, bautizada desde hacia poco tiempo, hospitalizada por un tumor al cerebro, se encontraba en estado de coma. Su caso era muy evidente, incurable, irreversible, del cual atestiguaban las radiografías.
Unos peregrinos de Akita colocaron en la cabecera de la moribunda una foto de la Estatua. Y se produjo el milagro. Tres veces la Virgen de Akita, y como para instruirla, vino a visitar a la señora Chun. Las autoridades de la Iglesia coreana reconocieron que el innegable milagro se debía a la intercesión de la Virgen honorada en Akita y su relación fue transmitida a Roma.
Pues, aquí se trata del reconocimiento de los hechos de Akita por el Obispo de Niigata, tal como ocurrió a propósito de la aceptación de las precedentes apariciones de María, sea en Lourdes o sea en Fátima, a las cuales el Obispo del lugar les concedió el sello de su plena autoridad, sin que aquí o en otro lugar, Roma las hubiera confirmado por un acto de su poder supremo.
Ahora bien, vea aquí y sabiendo desde ahora Quien es en realidad la Virgen de Akita la prudencia con la cual tuvo que demostrar la Virgen María afin de no llamar la atención de sus poderosos enemigos. Ella empieza, desde el principio de su acción, haciendo recitar por Hermana Agnès, su instrumento, la oración de la Señora de todos los Pueblos, pero haciéndole omitir la última frase: «Que la Señora de todos los Pueblos, la que una vez fue María, sea nuestra abogada. Amén.» Pues, seguramente, la alerta habría sido dada y la obstrucción inmediata.
*
He aquí, finalmente, todo habiéndose desarrollado en Japón según el orden prescrito, y María Santísima habiendo escapado de la vigilancia de sus enemigos, que la Iglesia, por fin, y tal vez muy pronto, podrá abrirse a la veneración y a la invocación de la Señora de todos los Pueblos.
Pues la Virgen de Akita es la Señora de todos los Pueblos.
Ahora bien, si Ella se hubiese nombrado en Japón según el Nombre nuevo que Ella misma proclamó en Holanda, sus poderosos y altos enemigos, alertados, se habrían colocado una vez más a través de su ruta.
Es Ella, la Señora (la Mujer) de todos los Pueblos. Veamos lo siguiente:
Parada sobre el globo de la tierra, junto a la Cruz, los brazos extendidos hacia los pueblos del mundo, palmas abiertas para derramar sus gracias.
Rigurosamente idéntica a Aquella, en Holanda, que fue perseguida por la Iglesia, no sabría ser confundida o asimilada a ningún otro y anterior modo en el cual, ya, la Santísima Virgen se manifestó a los hombres.
Excepto, sin embargo, a la Virgen de la Medalla Milagrosa, en la forma de la que Ella vino en París.
En París, Ella es Aquella que fue anunciada en el primer Libro de la Escritura.
En Amsterdam, Ella es Aquella que combate en el último Libro de la Escritura.
Raoul Auclair
Quebec, 31 de julio de 1987(Extractos del texto La Señora de todos los Pueblos, de Raoul Auclair,
Le Royaume, número 55, octubre de 19877)
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