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Ida Peerdeman nació en Alkmaar, Holanda, en 1905, la última de una familia de cinco hijos. Ella no tenía más que ocho años cuando su madre falleció y su padre, vendedor de tejido, se trasladó con sus cinco hijos a Amsterdam.Como su padre se encontraba a menudo ausente, su hermana mayor se ocupaba de dirigir la familia, y rápidamente Ida desarrolló en ella una necesidad de independencia. La familia, más liberal que católica, no era particularmente piadosa. El domingo, iban a la iglesia. «Eso era todo», contará ella más tarde.
Ida tenía doce años, cuando, el sábado 13 de octubre de 1917 el día en que tuvo lugar la última de las seis apariciones marianas en Fátima , ella vio, en el camino de la iglesia, en una luz deslumbrante, una Señora vestida de un largo vestido blanco con un cinturón color crema y con un velo sobre su cabeza. No podía ser más que la Santísima Virgen, pensaba ella.
Durante ese mes de octubre, el encuentro celeste se repite una segunda vez. Ella comentó lo ocurrido en su casa, pero nadie prestó verdaderamente atención.
Ida quería llegar a ser maestra de escuela de párvulos, pero ese deseo no se pudo realizar ya que no tenía «la imaginación indispensable», según sus profesores. Esta observación jugará en su favor más tarde, cuando surgirán interrogaciones en cuanto a la veracidad de su testimonio.
A la edad de veinte años, Ida trabajaba como empleada en la firma Boldoot. El demonio sabía desde mucho tiempo que ella sería elegida por María para llevar su mensaje al mundo. También, durante este periodo, la joven niña fue objeto de manifestaciones diabólicas: lámparas se balanceaban en el interior de la casa; las puertas de los armarios se abrían solas; las agujas de los relojes giraban con una rapidez fulgurante; el horno que ella no utilizaba casi nunca de repente se encendió.
Esto llegaba a ser más grave aún cuando Ida se encontró bajo el dominio y la tiranía del demonio. Su confesor, el Padre Frehe, hizo entonces un exorcismo con el permiso del Obispo. La última cosa que el diablo le dijo fue: «Curilla, ya te venceré.» Regresando a su casa, el Padre Frehe cayó a través de una reja.
Visiones de la guerra
Hasta los años 1940, la vida de Ida es relativamente tranquila. A comienzos del mes de mayo de 1940, algo extraño ocurre: ella tiene visiones concerniente al desarrollo de la batalla en Europa. Ella ve el río Oder rojo de sangre, matanzas en Betuwe, Mussolini está colgado cabeza abajo; ella describe el nido de águilas de Hitler, en las alturas de las montañas cerca de Berchtesgaden. Ella tenía entonces una mirada fija y explicaba lentamente aquello que oía y veía a las personas que la rodeaban.Las visiones de la guerra paran bruscamente el 25 de marzo de 1945 cuando la Señora se aparece de nuevo a Ida Peerdeman quien tenía cuarenta años y vivía con sus hermanas. Durante catorce años, María se le aparece cincuenta y cinco veces, durante las cuales Ella da sus Mensajes. Sus hermanas están generalmente presentes durante las apariciones y la mayor de ellas anota las palabras que Ida repite después de la Santísima Virgen.
En los años 1970, la Fundación de la Señora de todos los Pueblos tomó posesión, por un precio casi simbólico, del terreno en Diepenbrockstraat. Se establece entonces el secretariado y se construye una capilla a penas visible con, a izquierda del altar, el cuadro de la Señora de todos los Pueblos. Allí es donde Ida Peerdeman vivió sus últimos años. |
![]() Ida Peerdeman |
A través de los años, ella quería desaparecer, mantenerse desconocida, no queriendo aparecer absolutamente al proscenio. Cuántas veces ella dijo: «No se trata de mí, yo soy simplemente un instrumento; se trata solamente de los Mensajes de la Señora.»
Finalmente, el 31 de mayo de 1996, Ida ve realizarse su mayor deseo: Su Excelencia Monseñor Bomers, Obispo de Haarlem, en colaboración con su Obispo auxiliar, Monseñor Punt, autoriza el culto público de la Señora de todos los Pueblos y deja toda libertad en cuanto a la adhesión a los Mensajes, en los cuales él mismo no vacila en dar testimonio de su fe.
«Ahora, puedo morir», dijo Ida recibiendo la noticia, y ella muere el 17 de junio a la edad de 90 años. En la última aparición, la Señora le había dicho: «Adiós, hasta el Cielo.» Sus funerales fueron presididos por Su Excelencia Mons. Bomers, en la Capilla de la Señora de todos los Pueblos.
¿Por qué sentir una gran alegría cuando la Iglesia, por la acción de un miembro del Episcopado, acoge favorablemente este pedido hecho por la Señora de todos los Pueblos? Sabemos que a través de esta Oración, enseñada por la Señora, dependen tantas gracias, bendiciones y aperturas para un mundo mejor y que entonces la humanidad va a retornar hacia Dios y van a disminuir progresivamente «la corrupción, las calamidades y la guerra». La acogida paternal de S.E. Mons. Bomers abre la vía a la aprobación oficial de la Iglesia en favor de esta Oración. Y hace, efectivamente, mucho tiempo que María Santísima espera ese día, para finalmente tener el permiso de proteger la humanidad, sabiendo que el Padre y María no restringen jamás nuestra libertad: «Es necesario que los pueblos, en unión con la Iglesia, reciten mi Oración. (...)» (La Dame de tous les Peuples [Señora de todos los Pueblos], 50.o mensaje, 31 de mayo de 1954, traducción francesa de los mensajes presentada por Raoul Auclair en las Ediciones Stella).
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