LA ORACIÓN Y LA IMAGEN
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La Imagen
Como a Catalina Labouré, a quien María confió la misión de hacer acuñar una medalla, la Señora pide a Ida Peerdeman que difunda su Imagen: «Tú mandarás hacer esta Imagen. Tú la propagarás al mismo tiempo que la Oración que yo te he dado» (4 de marzo de 1951).Y la Señora le explica todos los detalles: Ella se encuentra parada sobre el globo y apoyada a la Cruz. Encima de Ella, en un arco de luz, se leen las palabras en letras negras: DE VROUWE VAN ALLE VOLKEREN (LA SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS). Alrededor del globo, un grupo de ovejas blancas mezcladas con ovejas negras parecen venir de las profundidades. Algunas avanzan paciendo; la mayoría, sin embargo, levantan la cabeza, mirando fijamente a la Señora y la Cruz. Otras acostadas, la cabeza erguida, observan. Cerca del globo, corderos están acostados. Y la Señora precisa:
«Hija, es necesario que grabes esta Imagen en tu memoria a fin de que puedas transmitirla fielmente. El rebaño de ovejas representa los pueblos del mundo entero, los cuales no encontraron reposo sino acostándose y contemplando apaciblemente la Cruz, punto central de este mundo. Y ahora observa mis manos y transmite bien lo que ves» (31 de mayo de 1951).
Y la vidente observa, en el centro de las manos de la Señora, como si hubiera habido allí una herida, de donde salen tres rayos. Y esos rayos parecen iluminar las ovejas. La Señora le sonríe y le dice:
«Esos tres rayos son aquellos de la Gracia, de la Redención, de la Paz» (31 de mayo de 1951).
Importancia de la Oración y de la Imagen
De esta Oración entregada por la Señora, dependen tantas gracias, bendiciones y aperturas para un mundo mejor, y entonces, la humanidad va a retornar hacia Dios y van a disminuir progresivamente «la corrupción, las calamidades, y la guerra». «Tú no te imaginas el insigne valor de la Oración para los hombres que la recibirán y que prometerán recitarla cada día. Tú no sabes lo que el futuro traerá» (15 de abril de 1951).
«Que los hombres reciten cada día esta simple y tan corta Oración. Muy corta y muy simple: ella ha sido entregada a fin de que cada uno pueda recitarla en este mundo moderno e impaciente; entregada para suplicar que el Verdadero Espíritu se digne venir en el mundo» (20 de septiembre de 1951).
«Esta Oración ha sido entregada para la Liberación del mundo. Esta Oración ha sido entregada para la Conversión del mundo. En todas sus acciones, digan esta Oración» (31 de diciembre de 1951).
«La Señora de todos los Pueblos promete entregar la Paz, la verdadera Paz. Pero los pueblos, CON la Iglesia entiendan bien: CON LA IGLESIA , deberán recitar mi Oración» (20 de marzo de 1953).
«Ustedes, pueblos de este tiempo, sepan que la Señora de todos los Pueblos los protege. Pídanle su intercesión; recurran a Ella como Abogada; pídanle que aparta todas las calamidades. Pídanle que rechace de este mundo la corrupción. Pues, de la corrupción vienen las calamidades; pues, de la corrupción nace la guerra. Y a través de mi Oración ustedes pedirán que sean alejadas del mundo todas estas plagas. ¡Ah! si ustedes supieran la importancia y el poder de esta Oración hacia Dios! Él escuchará a su Madre cuando Ella quiera ser su Abogada» (31 de mayo de 1955).
«Quien un día fue María»
La expresión «quien un día fue María» puede extrañar. Son, sin embargo, palabras pronunciadas por Ella misma, quien entrega la explicación tan simple de comprender y que no podemos cambiar: «QUIEN UN DÍA FUE MARÍA. He aquí el sentido de esta fórmula: unos hombres, en gran número, han conocido a María como MARÍA. Pero, ahora, en la era nueva que se abre, quiero ser reconocida como la Señora de todos los Pueblos. Y eso, todo el mundo puede comprenderlo» (2 de julio de 1951).
«QUE LA SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS, QUIEN UN DÍA FUE MARÍA, SEA NUESTRA ABOGADA: esto debe permanecer así. Este tiempo es Nuestro Tiempo. Di esto a los teólogos: la Señora estuvo presente en el Sacrificio de la Cruz. El Hijo dijo a su Madre: Ahí tienes a tu hijo. Pues bien en el Sacrificio de la Cruz se remonta el cambio.
«El Señor y Creador ha escogido, entre todas las mujeres, para ser la Madre de su divino Hijo, a Myriam o María. Ella vino a ser la Señora, la Corredentora y Mediadora, cuando se consumió el Sacrificio de la Cruz. Y fue el Hijo quien la proclamó al instante de regresar junto al Padre. Es por eso que, en este tiempo, revelo este Nombre nuevo y digo: Yo soy la Señora de todos los Pueblos, quien un día fue María» (6 de abril de 1952).
Imprimátur
Tal como se había anunciado, una lucha despiadada se levantó contra los pedidos de María. Felizmente, más de doscientos obispos y cardenales comprendieron este misterio mariano y en seguida concedieron el imprimátur a esta Oración, entre ellos, Su Eminencia el Cardenal Jaime L. Sin, de Manila, Filipinas. En 1981, dirigiéndose al Padre León Boarman, de los Estados Unidos, miembro afiliado de la Familia de los Hijos e Hijas de María de visita en esas islas, él agregaba además una nota en la cual no solamente aprobaba la Oración sino que mencionaba la urgencia de aceptar la devoción a la Señora de todos los Pueblos. Sabemos que la práctica religiosa está floreciendo en Filipinas y que, el 15 de enero de 1995, más de cinco millones de personas acogían al Papa Juan Pablo II de visita en esta región.
El 25 de marzo de 1994, Su Eminencia el Cardenal Albert Decourtray, Primado de Gaules, dio el imprimátur a la Oración de la Señora de todos los Pueblos, sin ninguna modificación a ésta, con toda simplicidad y humildad. |
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