MARC BOSQUART
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También es atraído por el cinema y, a la edad de 18 años, escribe un guión y realiza una película experimental que será difundida en varios festivales en Bélgica y en el extranjero: París, Estocolmo (Suecia), Nueva York y finalmente en Teherán, en Irán, donde consigue el 2º Gran Premio del Festival y el Premio Especial para la Juventud.
En 1978, después de terminados sus estudios, Marc encuentra un empleo en Bruselas, en el Secretariado Internacional de la Federación Mundial de la Juventud Católica (FMJC). Sus responsabilidades consisten, entre otras cosas, en organizar reuniones y conferencias internacionales y, con este fin, recorre el mundo: Europa, los Estados Unidos (Nueva York) y África, donde tiene la misión de establecer contactos entre las organizaciones nacionales de juventud católica. También va a Senegal, a Costa de Marfil, a Alto Volta (hoy Burkina Faso), a Camerún, a Gabón, a Zaire, a la isla Mauricio y a Kenya.
Mientras tanto, Marc descubre los libros de Raoul Auclair, escritor mariano y escatológico y comienza a escribirse con él. Dos veces, va a París para visitar al que considera como un segundo padre. Ahora bien, en 1978, Raoul, consagrándose a María y a su Ejército, se prepara a establecerse en Quebec. Por él, Marc oye hablar por primera vez del Ejército de María. En noviembre de 1979, poco tiempo después de la muerte de su padre, Marc tiene la oportunidad inesperada de venir a Quebec para una breve estancia. De vuelta a Bélgica, emprende la lectura de Vida de Amor a medida de su publicación. Después de haber pasado de nuevo el verano en Quebec, en el Centro del Ejército de María, y haber participado en la peregrinación de septiembre, finalmente el 21 de noviembre de 1980, empujado por una fuerza espiritual acompañada de generosidad, se establece en Quebec ofreciendo sus servicios, y feliz de consagrarse a la Obra de María. |
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El 26 de septiembre de 1981, durante una peregrinación del Ejército de María en honor de la Señora de todos los Pueblos, tiene lugar, en la Basílica de San Pedro de Roma, el matrimonio de Marc Bosquart y de Susie Proulx. Después de la ceremonia, los 700 peregrinos forman en la Plaza San Pedro, cerca del obelisco rematado de la cruz, una «M» viviente que simboliza el reverso de la Medalla Milagrosa y el escudo del Papa Juan Pablo II. |
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Marc, este desconocido venido entre nosotros, a quien Dios ha conducido hasta aquí, ¿estaba previsto? No, es otro acontecimiento providencial con vistas a la realización progresiva del Plan de Dios, por María.
En el seno del Ejército de María, algunos años más tarde, Marc revela poco a poco a Marie-Paule lo que él entiende acerca del Plan mariano. Ella lo escucha, sorprendida, turbada, y, durante meses, ella rechaza lo que él le presenta, pues no puede aceptar ser puesta en evidencia de esta manera. Incluso va a herirlo profundamente devolviéndole los primeros capítulos de lo que iba a ser su primer libro y que ella rechaza en ese entonces trazando grandes cruces negras en cada página. Finalmente, ella se remite a su consejero espiritual y se somete a la Voluntad de Dios, la cual se expresa por los acontecimientos, pues lo que se cumple en este tiempo no es su obra, ¡sino la de Dios!
El señor abate Lionel Mélançon, después de haber escuchado a Marc en muchas conversaciones, tomó la responsabilidad moral de seguirlo y de presentar por partes, en Roma, lo que consideraba de una importancia capital, llamando la atención del lector en su obra De la Trinité Divine à lImmaculée-Trinité [De la Trinidad Divina a la Inmaculada Trinidad] por una advertencia de la que presentamos algunos extractos:
ADVERTENCIA DEL ABATE LIONEL MÉLANÇON
«(...) El día de Pentecostés de 1983, firmé un texto que lleva el título Vida de Amor: ¡Yo leí y creí! Los testimonios de muchos lectores me han hecho creer que yo había encendido una pequeña vela. Mejor dicho, una pequeña vela me había alumbrado, en respuesta a largas oraciones. Hubiera querido escribir más u otra cosa. Pero, mi formación de teólogo clásico ha puesto límites a mi audacia y me ha dictado las palabras que se imponían en ese momento. Yo debía respetar el misterio, pues bien parece haber misterio.
«Hoy, día de Pentecostés de 1985, constato que el Espíritu de los Misterios ha escogido un hombre más humilde que yo y un lector más hábil para ver los enlaces. Desde hace algunos años, admiro los escritos de Marc Bosquart. Su interés por los Mensajes de la Señora de todos los Pueblos excita su inteligencia muy intuitiva y penetrante a la vez. Marc ve cosas que los otros no ven. Luego, sabe mostrarnos lo que ha visto. Y casi se disculpa por haber visto tantas cosas. Pero él no puede pasar sin ver, sobre todo cuando todo le parece tan claro. Boileau le concedería un título por saber expresar claramente lo que ha concebido. ¿Concebido con las solas luces naturales de un lector atento? Es posible. Yo diría que es imposible. Pero los dones de Dios son siempre maravillosos, naturales o sobrenaturales. Y agradezco al gran Maestro de la luz. ¡Haya luz! ¡Y hubo luz! Una luz especial fue dada a Marc Bosquart. Hoy, con la fuerza de la claridad y con la humildad de uno que ha oído la observación hecha a Simón Pedro: Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos (Mt 16,17), él somete a nuestra lectura un texto que presenta como Elementos que sirven para la Contemplación de un Misterio: De la Trinidad Divina a la Inmaculada Trinidad.
«¿Un libro de choque? No. ¿Un libro audaz? Tampoco. ¿Un libro compuesto? No, pero impuesto... como a un testigo que no puede no decir lo que ve. Y sin embargo, Marc no impone su libro, él lo propone como una hipótesis de lectura de dos obras opuestas: Vida de Amor leída con relación a los Mensajes de la Señora de todos los Pueblos. Marc propone su libro a la Iglesia, al juicio de la cual se somete de antemano; pero ya lo ofrece a la inteligencia del corazón de los lectores ya regocijados con las dos obras estudiadas.
«Con la Iglesia, en esta Fiesta de Pentecostés, yo profeso que el Señor inspira a su Madre de preocuparse por sus bautizados para que acepten una continuación en su corazón de creyentes de la obra de amor comenzada al principio de la predicación evangélica.
«María se digna hacerse la Señora de todos los Pueblos, invitando a la Iglesia, al Papa, a los Obispos, a todos los Pastores de la Palabra a vivir abiertamente su fe en la unidad y la alegría, a la faz de los Pueblos, consagrados por la humanidad, como nuestro Santo Padre Juan Pablo II lo ha deseado durante su visita a Fátima en 1982.
«Oh María, Reina del Cielo, visitas regularmente a nuestra tierra desde 1830. Algunos preferirían que te quedaras en el Cielo, silenciosa, respetuosa de sus libertades imprudentes. En tu amor materno, no escuchas a tus hijos liberados, pero vienes a liberarnos invitándonos a implorar la venida del Verdadero Espíritu Liberador. Quédate con nosotros, oh María, como Corredentora, Mediadora y Abogada. ¡Que venga el Reinado de tu Corazón Inmaculado! ¡Guárdanos respetuosos de tu libertad!»
Pentecostés de 1985
Pbro. Lionel Mélançon, L. Th., L.E.S.
EL DISCERNIMIENTO DE UN TEÓLOGO SABIO
¡Esto es el pensamiento de un hombre sabio que sabe escuchar para entender, sin juzgar temerariamente! Ha sabido someterse a la terminología de un laico que «percibe» los Designios divinos y que, sin la menor chispa de vanidad, los expone con toda conciencia y obediencia, sabiendo bien el desprecio y los golpes que le merecerá la «percepción» de un nuevo camino de luz en la Iglesia. Pues no se trata de una historia preconcebida o construida en la base de muchos cuentos oídos en nuestros días, sino de un Plan de amor «anunciado» según la Sabiduría de Dios que es locura para los hombres. ¿No hemos oído y visto, tras la publicación del libro de Marc Bosquart, a toda esa gente de gran cultura y a muchos laicos prevalerse de sus prejuicios, burlarse sin moderación y tirar pullas infames, juzgando de todo y de nada sin entender nada?... Le quitaban al Padre el derecho de obrar en nuestro tiempo sin su permiso... Han actuado como el Sanedrín y esos personajes civiles que no podían entender el sentido de las Escrituras, las cuales anunciaban la venida del Mesías que, recién nacido, tuvo que ser expatriado muy lejos para escapar al furor de Herodes y, más tarde, después de haber enseñado el Amor del Padre por los hombres y su Plan de Amor para rehabilitarlos, fue condenado y crucificado entre dos ladrones. Y María, su Madre, la Inmaculada, era considerada como la Madre de un malvado.
Hoy, los que están atentos «a los signos de los tiempos», que pueden discernir con toda humildad la verdadera mística de la falsa, tienen la posibilidad de conocer bajo el soplo del Verdadero Espíritu la voz de la Verdad, su Mensaje atizado por la llama que los alumbra y los conduce en la fe pura, tan llena de luces. En cambio, al exterior, es el tumulto de las voces que vociferan y arrastran por los suelos a aquellos que ven brillar la Estrella que les indica, en el silencio de la noche de nuestro tiempo, el lugar del renacimiento de la Iglesia de Cristo, pues «allí donde está el Papa, allí está la Iglesia».
La Iglesia de Cristo, es aquella de Pedro. Cristo muerto en la cruz habla por el Papa - por Pedro entre nosotros. Por su sucesor habla la Vida: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida», decía Jesús (Jn 14,6). Tal es la voz de la Eternidad y no es conveniente quitar el prestigio divino al Jefe actual de la Iglesia. Aquellos que luchan contra esta voz, que la desprecian o la contradicen, ¿sirven a la Iglesia? ¿No preparan más bien las divisiones y los cismas?... Nunca la Palabra de Vida es superada, siempre es de actualidad, llena de promesas y de amor. Ella no destruye, se enriquece en el transcurso de los siglos con nuevos conocimientos, dilatando cada vez el alcance de un misterio en un pensamiento empapado de vida y de esperanza. Son aquellos que se alejan del Papa y del Mensaje auténtico del Evangelio los que luchan contra las Obras de Dios.
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